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Lluís Ballester nos explica las claves de la investigación “Programa de Integración Familiar: investigación para la validación y optimización”.

La investigación “Programa de Integración Familiar: investigación para la validación y optimización” se concentra en el análisis detallado de los resultados de este servicio entre los años 2014 y 2015, en el marco de una buena práctica anclada a la mejora de la praxis institucional y profesional.
Consulta la Investigación.

La finalidad de este Programa es recuperar, consolidar y aumentar las capacidades y habilidades de protección de las familias para evitar la separación de los niños y niñas de su entorno familiar.

Foto Lluís BallesterLluís Ballester Brage, Doctor en Sociología y en Filosofía y Diplomado en Trabajo Social, es uno de los expertos que han elaborado esta investigación.

En esta entrevista nos relata sus impresiones sobre el Programa de Integración Familiar de Meniños y las conclusiones derivadas del estudio del mismo.

 

  • ¿Por qué es necesaria una investigación como ésta? ¿Qué puede aportar a los profesionales del ámbito de la intervención familiar?

Desde hace ya más de 20 años, hablamos de la práctica basada en la evidencia, entendida como un proceso de análisis y comprobación de que nuestras intervenciones son correctas, producen los efectos esperados y se desarrolla siguiendo los criterios de las mejores experiencias internacionales.

Eso es lo que se pretendía con esta investigación: comprobar hasta qué punto el Programa de Integración Familiar de Meniños resistía una comprobación completa.

A los profesionales les sirve para confirmar todo lo positivo que hay en su manera de trabajar, pero también pone en cuestión las inercias, el área de confort, de todos los programas de intervención. Que alguien relativamente neutral, con experiencia en el trabajo con familias y criterio metodológico, revise el funcionamiento del programa, asegura críticamente nuestro propio trabajo. La cultura de la evaluación incluye la observación externa y es muy saludable para las organizaciones y profesionales, aunque sea incómoda.

  • ¿Cuáles son, a su juicio, las claves a la hora de trabajar con infancia y familia?

Depende del tipo de trabajo que se realice. Asegurar que se dispone de una red completa de actuaciones preventivas, desde la prevención universal, para toda la población; hasta la prevención e intervención indicadas en casos de necesidad muy importantes y complejos. Pasando, por supuesto, por la prevención selectiva. Estos tres niveles, integrados, con la participación de las familias, de la sociedad civil y del conjunto de los servicios educativos, sociales y de salud, ofrece las mejores garantías para el desarrollo psicosocial.

Esto significa tener una perspectiva de conjunto, con una política de infancia y familia unificada, coherente, participativa.

Al margen de este planteamiento estructural: niveles de intervención y coherencia entre quienes intervienen, es necesario plantear por qué y para qué hacemos prevención e intervención con infancia y familia. Básicamente, la protección de los derechos de niños y niñas, son la motivación fundamental. Prestando atención a:

a) La protección de los procesos evolutivos del niño o el adolescente y la satisfacción de sus necesidades básicas, tanto materiales, físicas y educativas como emocionales y afectivas.

b) La consideración de los deseos, los sentimientos y las opiniones del niño o del adolescente, así como su derecho a participar progresivamente, en función de su edad, madurez, desarrollo y evolución personal, en el proceso de determinación del su interés superior.

c) La conveniencia de que su vida y su desarrollo tenga lugar en un entorno familiar adecuado y libre de violencia.

d) La preservación de la identidad, cultura, religión, convicciones, orientación e identidad sexual o idioma del niño o del adolescente, así como la no discriminación de este por estas o cualesquiera otras condiciones, incluida la discapacidad, garantizando el desarrollo armónico de su personalidad.

  • ¿Cuál es la valoración que hace sobre el trabajo que se desarrolla en el Programa de Integración Familiar?

La evaluación realizada muestra una gran cantidad de fortalezas en el enfoque y el funcionamiento del PIF. Se han detectado algunas cuestiones que pueden mejorarse, pero el balance, en conjunto, es excelente.

  • ¿Cuáles son las capacidades y habilidades del equipo técnico que más se valoran en este tipo de Programa?

En estos programas se valora especialmente que los equipos técnicos tengan liderazgo (técnico y emocional), visión estratégica y capacidad para diseñar y orientar las actuaciones de manera eficaz, así como gestionar los equipos.

Hemos podido comprobar que en Meniños se dispone de un equipo técnico de esas características.

  • ¿Cuál es el perfil de familias con las que se trabaja y cómo afecta éste a los resultados de la intervención?

Se trata de familias en situaciones diversas de necesidad, lo que afectan a sus capacidades para poder garantizar los procesos y derechos que antes comentamos. Si se tuviera que resumir en cinco características, podemos decir que se trata de (1) familias frágiles y sobrecargadas (estructuras monoparentales, número de hijos, etc.); (2) con pocos recursos (precariedad económica, reducidos recursos formativos o laborales); (3) con dinámicas inestables (cambios de trabajo de los padres, cambio de residencia, cambios de las parejas, etc.); (4) con capacidades parentales, competencias familiares, limitadas (negligencia, confusión de roles, poca o errónea supervisión, etc.); a lo que hay que añadir, un cierto nivel de (5) problemática social e institucional que se acumula y genera experiencias negativas en la familia (con la escuela, la justicia, los servicios de salud y otros).

Todo ello hace algo más compleja la intervención, haciendo que los pronósticos no siempre sean positivos. De tal manera que una parte del trabajo es de contención o reducción de riesgos. Por eso, la orientación de prevención selectiva, aunque ya se observen dificultades más o menos importantes.

  • ¿Qué considera que puede mejorarse en cuanto a prevención?

El propio estudio ofrece una serie de conclusiones claras, relativas a la mejora de los diagnósticos y el aseguramiento de las interpretaciones profesionales, mediante instrumentos de evaluación validados, por ejemplo. Pero, lo más importante es seguir formando a los profesionales en las metodologías preventivas más eficaces, así como aplicándolas de manera controlada, mediante seguimientos y evaluaciones periódicas. Es decir, seguir trabajando en el contexto de la Práctica Basada en la Evidencia.

* Lluis Ballester es Professor de Mètodes d’Investigació en Educació en la Universitat de les Illes Balears. Su experiencia profesional, como responsable de la Unidad de Planificación y Estudios del Servicio de Acción Social y Sanidad del Consell de Mallorca (1990-96), así como las investigaciones realizadas desde 1984, se han centrado en el análisis de necesidades de los jóvenes y las personas mayores, así como de los servicios sociales y los métodos de investigación.

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Una adopción especial puede ser… “el viaje más gratificante en la vida de una persona”

Conchi y JuanConchi y Juan están viviendo una nueva y emocionante etapa vital desde el día en el que decidieron solicitar su inclusión en el Programa de Adopciones Especiales, que desarrollamos conjuntamente con la Xunta de Galicia.

Han adoptado a tres hermanos (dos niños y una niña de 6, 8 y 10 años de edad respectivamente), con quienes conviven desde septiembre del pasado año en Vilariño de Conso, una pequeña localidad ourensana.

Nos hemos sentado con la pareja para charlar sobre su experiencia, y ahora os invitamos a conocerles.

Habéis decidido adoptar e iniciar un viaje apasionante, ayudando además a quienes tienen mayores dificultades para encontrar una familia. ¿Qué os motivó a entrar en el Programa de Adopciones Especiales?

Juan: Queríamos ser padre y madre biológicos, pero ciertas dificultades nos llevaron a barajar otras opciones. Lo que sí teníamos claro es que queríamos tener una familia. Después de sopesar los pros y los contras y de haberlo hablado mucho entre nosotros, decidimos solicitar una adopción. Y, ¿por qué una adopción especial?. Porque nos veíamos capacitados. Mi mujer es profesora, yo me crie en una familia con muchos niños, y tengo dos con los que consultamos la idea y les pareció muy bien.

Conchi: Cuando tienes un hijo o una hija has de estar preparada para todo lo que pueda venir porque el vínculo afectivo con los hijos no tiene límites. Yo quería ser madre.

¿Cuáles eran vuestras dudas y miedos iniciales?

Juan: Mi mayor miedo era si los niños y la niña estarían preparados. Nosotros ya llevábamos tiempo preparándonos pero, ¿y ellos?, ¿qué pensamientos les invaden?, se preguntarán ¿a dónde nos llevan?, ¿cómo son?… Más que miedo, tenía la duda de si ellos “me querrían adoptar a mí”. ¿Y si no congeniamos?, ¿o si no les gusta el entorno?. Sinceramente, dudas y miedos sí que hubo, pero pienso que hay que salir de ese estado si realmente quieres hacer algo.

Conchi: Yo tenía miedo a no responder adecuadamente a sus necesidades , y a no establecer los vínculos de una forma correcta. Me preocupaba que surgieran problemas al tener que llevar a la par el establecimiento de normas y la creación del vínculo afectivo. También tenía miedo a que ellos no me aceptaran a mí.

El proceso de adaptación inicial quizás sea el más complejo, ya que se activan cambios importantes, tanto para la familia adoptante como para los niños y niñas adoptados. ¿Cómo está siendo para vosotros?

Juan: Es como retroceder en el tiempo. Me veo como hace años con hijos a los que tengo que ayudar a hacer las tareas cotidianas, lo cual me alegra y me satisface, pues veo que no le he perdido la mano y me sigue gustando como entonces.

Conchi: Para mí es una experiencia nueva que me llena de ilusión, a través de la que además me realizo como madre cada día. El hecho de ayudarlos, guiarlos y estar pendiente de todo lo que les pueda pasar es muy satisfactorio, porque además ellos te gratifican estableciendo un vínculo afectivo muy sólido y creando su propia referencia familiar, que es la nuestra.

¿Y para ellos? (en casa, en el cole…).

Juan: Están encantados, pues se sienten identificados con las tareas que realizan a diario dentro de la familia. Hay cosas que les gustan más y otras menos, pero se van adaptando a la nueva forma de vida sin dificultades, aunque echan de menos amigos que quedaron atrás.

Conchi: Para ellos (la adopción) es algo que necesitaban y que inconscientemente valoran a través de la vinculación afectiva que establecen con nosotros y con el entorno que les rodea. A la niña le cuesta más adaptarse porque es mayor que los niños y su historia es más complicada. Sin embargo, el proceso de vinculación, aunque más lento, es muy fuerte.

¿De qué forma os ofrece soporte el equipo de Adopciones Especiales de Meniños?

Juan: Olalla y Bárbara están ahí para ayudarnos en el proceso. Tenemos entrevistas con ellas y nos visitan en nuestra casa. Nos sentimos apoyados y eso es importante.

Conchi: Ellas se ocupan de nuestro bienestar. Siempre nos preguntan cómo nos va y si tenemos problemas. Están ahí para ayudarnos.

Seguramente desde hace un tiempo os preguntarán. ¿Qué tal?, ¿Cómo os va?…

Juan: Es verdad que nos preguntan y todos se preocupan de cómo nos va. Es un cambio grande porque en el lugar donde vivimos casi no hay niños y al ver los nuestros todos están sorprendidos y dicen: “tres niños de un golpe, ¡qué valientes sois!, ¡qué guapos y altos son!, ¿qué edades tienen?”.

Conchi: Sí, es así. Además se sorprenden cuando ven su actitud, pues establecen unos vínculos afectivos muy sanos y sinceros a la vez que acatan las normas familiares. La gente se muestra entusiasmada, y a veces nos preguntan a donde los fuimos a buscar, entre otras cuestiones.

Habéis hecho posible que dos niños y una niña encuentren un hogar que les ofrece la protección y los cuidados que necesitan. ¿Qué os están aportando ellos a vosotros?

Juan: Nos aportan tanto o más que nosotros a ellos. Vivimos en una casa grande y pasamos de no escuchar una mosca a sentir, por fin, alegría en casa, correteos, pelotas, fichas de parchís cayendo de la mesa, preguntas que nos hacen olvidar preocupaciones y abandonar pensamientos a los que antes les dábamos más importancia de la que realmente tienen.

Conchi: Es verdad que todos los reconocimientos son buenos y que nosotros favorecemos a los niños, pero el “favor” que ellos nos hacen a nosotros es incalculable. Todos crecemos juntos de una forma paralela y muy sana.

¿Os gustaría transmitir algún mensaje a todas aquellas personas que están explorando la posibilidad de adoptar?.

Juan y Conchi: Sí, en efecto, les diríamos que no tengan miedo a afrontar una adopción, porque si se hace con el corazón puede ser el viaje más gratificante en la vida de una persona. Es verdad que los niños llegan con determinados patrones adquiridos y dejan amigos y amigas atrás, pero tienen una falta de afectividad muy grande. Si se les trata con sinceridad y se les da cariño pueden llegar a quereros más de lo que os podáis imaginar.

Aunque con un hijo biológico el vínculo afectivo se adquiere de una forma distinta, los vínculos afectivos que se establecen con los hijos e hijas adoptados son prácticamente irrompibles, pues ellos y ellas reconocen de dónde vienen, dónde estaban y dónde están.

También nos gustaría añadir que es importante estar siempre en contacto con el equipo de adopción que lleve vuestro caso, porque están ahí para ayudaros ante cualquier duda y en toda la evolución del proceso. Es también muy importante hacer cursos de preparación para familiarizarse con los procesos de adopción, ya que creemos que es necesario “aprender” a establecer vínculos con ellos.

“Dale todo lo que puedas con una mano y verás que a lo largo de la vida el niño o niña te lo devolverán con las dos”.

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“Afrontar dificultades y establecer relaciones de cuidado mutuo y reciprocidad es parte de lo que somos”

Conversamos con F. Javier Aznar Alarcón, miembro del equipo terapéutico del Centro de Asesoramiento y Psicoterapia (CAP), un servicio de atención privada iniciativa de la Fundación Meniños.

En esta entrevista exploramos temas tan sugerentes como el papel que juegan en nuestras vidasd las dificultades y los conflictos, los retos que afrontan madres y padres en el proceso de crianza de hijas e hijos, los enfoques terapéuticos desde los que se trabaja en el Centro de Psicoterapia, entre otros.

F. Javier Aznar AlarcónLeyendo el texto de presentación de la web del Centro de Asesoramiento y Terapia nos encontramos con dos mensajes muy sugerentes: Por un lado, la idea de que las dificultades y conflictos son parte inherente de la vida; por otro, la confianza en el potencial de cambio y recuperación de las personas, aún en las situaciones más duras. ¿Son los momentos de crisis una oportunidad?.

Así es. Un amigo me suele comentar que la vida es ir saliendo de un problema para empezar a afrontar otro. Nuestra sociedad maneja, muy potenciada por la publicidad y los medios de comunicación, creencias falsas, como la de que es posible vivir sin dificultad ni dolor o como si pudiéramos pasar por la vida sin depender de nadie.

 

“… en cada crisis hay la oportunidad de cambiar, de orientarnos en otra dirección, de recurrir a capacidades y competencias que las circunstancias o nuestra vida nos ha hecho ignorar que tenemos. Pero con un poco de ayuda podemos rescatarlas, amplificarlas y darles lugar en nuestra vida… “

 

Afrontar dificultades y establecer relaciones de cuidado mutuo y reciprocidad es parte de lo que somos. Ahora bien, incluso en las situaciones más desesperadas, es posible encontrar un brote de recuperabilidad, de resiliencia, si se le cuida y alienta lo suficiente. En su origen etimológico la palabra crisis significaba momento de cambio. Lo que implica que, en cada crisis, hay la oportunidad de cambiar, de orientarnos en otra dirección, de recurrir a capacidades y competencias que las circunstancias o nuestra vida nos ha hecho ignorar que tenemos. Pero con un poco de ayuda podemos rescatarlas, amplificarlas y darles lugar en nuestra vida.

 

“… sabemos el acto de valor que supone para muchas de estas personas pedir ayuda, y esto nos alienta a asumir el reto de atenderlas con sensibilidad, confianza en sus recursos, y curiosidad para explorar con ellas sus emociones, competencias y motivaciones…”

 

Cuando una persona está pasando momentos realmente difíciles y dolorosos, quizás lo más complicado es dar un primer paso para “salir” de la situación. ¿Cuál es la clave para afrontar esas dificultades y dar el primer paso?.

 Son muchas cosas las que se juegan las personas que pasan por momentos dolorosos: a veces es difícil ver con claridad cuál es la razón de su sufrimiento y cuáles son los condicionantes que no permiten salir de él; otras veces no han tenido con quién compartir realmente su temor o su dolor y éste ha quedado silenciado; otras pueden temer, cuando han tenido malas experiencias con las personas que tenían que cuidar de ellas, que se las culpe, avergüence o desprecie por lo que les hace sufrir.

Con todo ello, sabemos el acto de valor que supone para muchas de estas personas pedir ayuda, y esto nos alienta a asumir el reto de atenderlas con sensibilidad, confianza en sus recursos, y curiosidad para explorar con ellas sus emociones, competencias y motivaciones. De manera que el primer paso, para ellas, es atreverse a pedir ayuda y, para nosotros, favorecer una relación de conexión emocional y seguridad, entender los motivos profundos de su sufrimiento y acompañarle a una forma diferente de entender y afrontar la dificultad.

¿Cuáles son las perspectivas o enfoques psicoterapéuticos desde los que trabajáis en el centro?. ¿De qué manera se traduce en vuestro trabajo con las personas?

 Nuestro enfoque terapéutico es un plato cocinado con mucha atención y que tiene como ingredientes lo sistémico, lo narrativo, el apego y la alianza terapéutica. Lo que, traducido, quiere decir que entendemos que la mayoría de las dificultades que se nos presentan en la vida tienen que ver con nuestras relaciones con los demás y su impacto en nosotros y con la forma en la que estas experiencias nos hacen vernos.

A lo largo de la vida vamos acumulando situaciones de relación (con nuestros padres, nuestros hermanos, parejas, etc.) que afectan a nuestras expectativas y a la idea que tenemos de nosotros mismos, a nuestra capacidad para la intimidad y para la cercanía, y a nuestra sensación de seguridad y competencia. En la terapia exploramos el papel de estas experiencias en nuestras dificultades actuales, y acompañamos en el trabajo de encontrar una forma de darles sentido y de explorar alternativas para afrontarlas. La idea es ayudar a que las personas con las que trabajamos se sientan más protagonistas de sus vidas y con mayor capacidad tanto para aceptar lo que no se puede cambiar como para afrontar lo que sí se puede.

La forma en la que lo hacemos es estableciendo una colaboración estrecha en la definición de los objetivos en la terapia, las técnicas y tareas a utilizar, y la valoración del cambio. Porqué, al final, lo que cuenta es que las personas a las que intentamos ayudar salgan mejor que como se presentaron cuando vinieron por primera vez.

Eres especialista en Narrativa y Apego. ¿Podrías acercarnos a estos dos conceptos?

 La teoría del apego describe una motivación básica que compartimos todos los seres humanos, la de recurrir al consuelo y amparo de alguien cuando estamos tristes, asustados o enfermos. Las respuestas que dan nuestros cuidadores a estas necesidades, en la adolescencia y, sobre todo, en la niñez, son centrales para construir nuestro sentido básico de ser dignos de ser queridos y cuidados, y la forma en la que aceptamos la intimidad y la cercanía. Nuestras experiencias de apego y cuidado son los cimientos sobre los que se alza nuestra capacidad para lidiar con nuestras emociones y para regular nuestra conducta. Y las dificultades con esta regulación están presentes en la mayoría de dificultades psicológicas que se nos pueden presentar (ánimo depresivo, ansiedad, trastornos de conducta, la forma de afrontar las pérdidas, dificultades en las relaciones de pareja, et.). Por eso es tan importante. No siempre que tenemos dificultades estas tienen que ver con el apego. Pero cuando están presentes es necesario atenderlas.

El interés por la narrativa viene de un descubrimiento fundamental de Mary Main, una de las investigadoras más relevantes en la teoría del apego. Lo que descubrió Main es que, más que las dificultades de nuestras experiencias, lo que nos afecta es la forma en la que han quedado organizadas en nuestra mente en forma de relatos; es decir, que si al contar lo que ocurre puedo organizar un relato coherente entre mis experiencias, mis recuerdos y mis emociones, puedo ser una buena fuente de cuidado para mí y para los míos. En la infancia, nuestros cuidadores nos ofrecen historias con las que nos explican quiénes somos y porqué hacemos lo que hacemos. Por ejemplo: un niño maltratado al que los padres acusan de ser el responsable del trato que percibe, crece contándose a sí mismo que no es digno del amor de los demás. El peso de esta historia le puede llevar, por ejemplo, a inhibirse cada vez que aparezca la posibilidad de una relación afectiva y se castigará a sí mismo por desear ser querido, o la rechazará convenciéndose de que no le hace falta, aunque no sea verdad. Además, la forma en la que acabe integrando en ese relato de su vida la conducta de sus padres afectará a su propia forma de ser padre. Lo que implica este descubrimiento de Main, y es importantísimo para nuestro trabajo, es que, si podemos ayudar a construir un relato más integrado y rico de esas experiencias, podemos ayudar a reparar vínculos heridos y a potenciar que las personas con las que trabajamos se cuiden a sí mismas y cuiden mejor de los demás. Las historias que nos cuentan, además, pueden estar organizadas y saturadas por las dificultades que han vivido, y tenemos que hacer lugar a otras experiencias positivas que han vivido pero no han quedado registradas, o a nuevas experiencias que podemos promover, en las historias que nos contamos. No podemos cambiar el pasado, pero podemos cambiar el futuro trabajando en el presente con una mirada diferente sobre nosotros mismos y nuestras vivencias.

 

“… Las dificultades del apego en los jóvenes es la forma que encuentran para adaptarse a lo que está ocurriendo a su alrededor. Si podemos ayudar a cambiar las circunstancias que les envuelven, las dificultades se acaban, en su gran mayoría, disolviendo…”

 

¿Qué papel juegan los trastornos relacionados con el apego en los desequilibrios emocionales? ¿De qué modo puede la terapia ayudar a gestionarlos?

Sabemos, con mucha certeza, que un apego seguro es un elemento protector frente a los desequilibrios emocionales. Por tanto, es un elemento central y preventivo en el trabajo con niños y adolescentes. Dado que la forma en la que se establece el apego está en función de la forma en la que los padres estén en condiciones para conectar con sus hijos y hacerles sentirse seguros, es fundamental poder ayudarlos a ellos a ayudar a sus hijos.

No me siento muy cómodo hablando de “trastornos del apego”. Las dificultades del apego en los chicos (que acaben ignorando sus necesidades, que no puedan regular mejor su conducta y emoción, que se sientan bloqueados frente a las experiencias que viven, que no tengan curiosidad por aprender) es, más que un trastorno, la forma que encuentran para adaptarse a lo que está ocurriendo a su alrededor. Si podemos ayudar a cambiar las circunstancias que les envuelven, las dificultades se acaban, en su gran mayoría, disolviendo. También hay que entender así las dificultades de los padres, como la forma que han encontrado, mejor o peor, para lidiar con lo que les ocurre. Por eso también hay que entender qué les está afectando y ayudarles a probar otra forma, más satisfactoria, de afrontar los problemas.

El apego es algo que nos acompaña toda la vida, y por eso también afecta a los adultos en su capacidad para manejar el estrés, las pérdidas, para establecer relaciones sanas y adaptarse a los cambios. Es como si la forma en que hemos integrado estas experiencias se convirtiera en el mapa que nos guía en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Si el mapa no está bien, o es confuso, nos genera dificultades en el trato con los demás y con nosotros mismos. En la terapia buscamos crear un contexto de trabajo en equipo, conexión y seguridad para explorar esos mapas y repararlos, y generar optimismo y confianza en la posibilidad de cambiar, de construir una vida de mayor plenitud.

 

“… Me gusta mucho la idea del escritor Ernesto Sábato de que debemos resistirnos a que la veloz y progresiva tecnificación de nuestras relaciones nos haga perder el contacto directo y cercano con los demás…”

 

En el centro ofrecéis apoyo en tres planos vitales: personal, de pareja y familiar. ¿Cuáles son en tu opinión los “grandes temas” a los que nos enfrentamos hoy en día?

Los grandes temas son los mismos de siempre. Los seres humanos necesitamos 1) estar en relación; 2) la convicción de que lo que hacemos tiene sentido, que es relevante; 3) vernos con un cierto grado de eficacia; 4) sentirnos acompañados y atendidos en las situaciones de desvalimiento, formar parte de grupos (como nuestras familias) y, a la vez, mantener nuestra individualidad. Nuestras herramientas, tecnología y formas de organizarnos como comunidad cambian aceleradamente, pero los temas a los que intentamos dar respuesta siguen siendo los mismos que afrontaban los primeros seres humanos.

Me gusta mucho la idea del escritor Ernesto Sábato de que debemos resistirnos a que la veloz y progresiva tecnificación de nuestras relaciones nos haga perder el contacto directo y cercano con los demás. Hace unas semanas estaba en una reunión con unos colegas, todos profesionales del mundo sociosanitario. En un momento en el que estábamos haciendo una pausa, todos y cada uno de los integrantes de la reunión estaban con sus móviles, sin que nadie intercambiara nada con los demás. Para mí fue una imagen muy impactante. En ese sentido creo que también tenemos que resistirnos a que la continua exposición a imágenes de violencia y desesperación con que nos bombardean los medios de comunicación nos inmunice frente al dolor de los demás y nos haga claudicar de nuestra responsabilidad. Quizá estos sean los “grandes temas” que están presentes en esas tres áreas vitales por las que me preguntas, y que se pueden resumir en la necesidad de no dejar de prestar atención a quienes tenemos al lado.

En la Fundación Meniños entendemos que un entorno familiar sano es vital para garantizar el bienestar integral de niñas, niños y adolescentes. En el marco de la sociedad actual, ¿Cuáles crees que son los retos que afrontan madres y padres en el acompañamiento de su proceso de crianza?.

El primero es el de un equilibrio entre la nutrición afectiva y el procurar límites que ayuden a sus hijos a regular su conducta. Ambos aspectos dependen, básicamente, de que los padres atiendan de forma sensible e intuitiva a las necesidades y estados emocionales de sus hijos. Un niño pequeño, agotado de cansancio, no puede regularse bien y tiende a incrementar su excitación. Necesita que sus adultos le hagan parar y lo ayuden a ponerse a descansar, porque solo no va a poder. Un niño cubierto en exceso de afecto y preocupación por parte de sus padres, continuamente protegido, no puede tener iniciativa ni explorar el mundo, lo que le llevará o a rebelarse (y parecer un niño con trastornos de conducta) o inhibirse, lo que le llevará a ser temeroso. Si unimos los dos ejemplos vemos que no se trata de o límites o afecto, sino de flexibilidad de los padres para adaptarse según el estado de sus hijos.

El segundo, y aún a riesgo de polemizar, es la excesiva tendencia a medicalizar a los niños pequeños, que acaba sustituyendo ese esfuerzo de comprensión y regulación que los padres (solos o con ayuda profesional) deben ofrecer a sus hijos.

El tercero es la ingente información que reciben los niños de los medios de comunicación. Para manejarla necesitan de la presencia de adultos que les ayuden a manejar esa información, entenderla y procesarla. Tradicionalmente eso lo hemos resuelto con las historias que los adultos cuentan a los niños, y que les proveen, en ese compartir, de “mapas del mundo”. Pero en la actualidad corremos el riesgo de que la tecnología nos sustituya en una tarea que sólo podemos hacer nosotros. Las posibilidades que nos brinda son extraordinarias, pero no debemos confundir los medios con los fines.

El cuarto es la distancia de los adultos con los adolescentes: la adolescencia se extiende demasiado en nuestra sociedad actual y los chicos van perdiendo posibilidades de poner a prueba su capacidad de afrontamiento. Debemos procurarles más cercanía con los adultos, mayor responsabilidad y coparticipación en las decisiones, a la vez que les acompañamos para protegerlos y rescatarlos cuando se equivocan. Que la adolescencia es un proceso de crisis continuo e inevitable es un mito. Todo nos indica que, cuando la relación con los padres tiene esta flexibilidad y conexión, los adolescentes se adaptan con mucha mayor facilidad a este momento del ciclo vital.

 

“… hemos aprendido muchísimo de todas las personas con las que hemos trabajado, y el caudal de experiencias, recursos, dificultades y habilidades que han compartido con nosotros forman parte de lo que tenemos para ofrecer en nuestro trabajo…”

 

¿Cuál es el valor añadido que ofrece el Centro de asesoramiento y Psicoterapia a las personas que necesitan apoyo especializado para gestionar sus dificultades vitales?

Mis compañeros Kucha y Fernando, y yo mismo, acumulamos, cada uno de nosotros, más de veinte años de experiencia trabajando con dificultades a lo largo de todo el ciclo vital (familias con niños pequeños, adolescentes, parejas, afrontamiento de las crisis relacionadas con el desvalimiento y el duelo, et.).

Hemos aprendido muchísimo de todas las personas con las que hemos trabajado, y el caudal de experiencias, recursos, dificultades y habilidades que han compartido con nosotros forman parte de lo que tenemos para ofrecer en nuestro trabajo. Nuestra experiencia nos ayuda a tener una actitud paciente y a la vez esperanzada y optimista frente a las dificultades. Entendemos la psicoterapia como un trabajo compartido entre los clientes y nosotros en el que, sus expectativas y necesidades, son el eje vertebral del trabajo.

Mi formación y experiencia en narrativa y apego me ha mostrado que potenciar que las personas se cuiden y cuiden mejor de los otros, que construyan relaciones de seguridad y conexión emocional, que se atrevan a salir del guion que les han procurado sus experiencias difíciles, exige que estemos a la altura del reto brindando, también por nuestra parte, la seguridad y conexión emocional en la terapia que les aliente a probar salir de ese guion.

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