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El sonido del silencio. La experiencia de Laura.

Imagen: Unsplash

Cuando conocimos a Laura, su silencio ocupaba toda la habitación. Cuando ella estaba presente, daba igual las personas que estuviesen hablando, o lo alto que gritasen, su silencio lo invadía todo, pero al igual que en la canción de Simon and Garfunkel, en su silencio pasaban cosas y solo había que aprender (y querer) escucharlas.

Cuando trabajas en la intervención social, las palabras son las principales herramientas de trabajo. Nos acostumbramos a escuchar lo que las personas nos cuentan, a darle un sentido, a devolverlo en forma de preguntas, de redefiniciones… Pero, ¿qué pasa cuando no hay palabras?. La ausencia de palabras nos pone en jaque, nos cuestiona y rápidamente pone en funcionamiento un listado de atribuciones, que según nuestra experiencia y nuestro grado de benevolencia y conocimiento, pueden limitarnos o ayudarnos a afrontar una situación, “lo que quiere esta niña es llamar la atención”, parece que a veces, cuando repetimos muchas veces algunas expresiones,  éstas pierden su significado. ¿Cuántas veces habremos escuchado esta frase como forma de quitarle importancia a un comportamiento de uno niño o niña cuando no se ajusta a nuestra idea de normalidad? ¿Cuántas veces nos hemos planteado cuales son las “buenas razones” de esa llamada y le hemos dado espacio a aquello sobre lo que quiere que pongamos atención?

Laura no siempre se había comunicado a través del silencio, hubo un tiempo en que lo hacía con palabras, palabras que en algún momento también perdieron su significado para convertirse en la confirmación de su inseguridad y desprotección, en ese momento y sin una voluntad consciente de hacerlo, dejó de pronunciarlas y el sonido del silencio ocupó su lugar.

Nuestra labor como profesionales consiste en prestar atención a las “llamadas” ayudando a restaurar la seguridad perdida, para que las palabras vuelvan a fluir recuperando su significado.

“El niño busca su voz.

(La tenía el rey de los grillos.)

En una gota de agua

buscaba su voz el niño.

No la quiero para hablar;

que llevará mi silencio

me haré con ella un anillo

en su dedo pequeñito…”

Federico García Lorca (El niño mudo).

La experiencia de Laura

Carta original de Laura p.1
Carta original de Laura p.2

Actualidad·Adolescencia·Experiencias

Adolescencia y homosexualidad

adolescentes_homosexualidad
Imagen: bristekjegor (Freepik)

Existe una creencia generalizada en nuestra sociedad que subraya la  existencia de un conflicto interior en los adolescentes a la hora de descubrir su homosexualidad. Por fortuna, desde nuestro punto de vista esto no deja de ser un falso mito como otros tantos que rodean al mundo homosexual en general, y que se hace más acentuado cuando se relaciona con el socialmente denostado término adolescente.

Las personas adolescentes homosexuales a los que hemos acompañado en nuestros programas no presentan conflictos diferentes a los de los adolescentes heterosexuales, y viven su sexualidad con similares dudas e incertidumbres relacionadas con nuevas experiencias que van descubriendo poco a poco y que van forjando su carácter.

Otro mito extendido que ha sido derribado al conocer las historias vitales de los adolescentes homosexuales versa en torno a su supuesta promiscuidad, aspecto que resulta sorprendente, ya que más allá de la experimentación propia de estas etapas evolutivas, los jóvenes con los que trabajamos mantenían parejas estables basadas en la fidelidad.

Más allá de aisladas y repugnantes actitudes homófobas, en la adolescencia se vive la homosexualidad con normalidad en el entorno próximo, y la adaptación con los grupos de iguales en los centros educativos, deportivos o de ocio dependen más de otros aspectos que de la propia condición sexual.

Cualquiera que recuerde esta etapa fantástica del desarrollo, podrá rememorar los vertiginosos cambios que se producían en su cuerpo y en su mente, y ellos no son ajenos a todas estas modificaciones que, si cabe, en la actualidad son todavía más veloces como consecuencia de los cambios que se producen en el propio contexto.

La tecnología provoca que lo que ahora mismo es trending topic, mañana caiga en el más absoluto de los olvidos, por ello los jóvenes de hoy en día son capaces de integrar en su propio ADN una capacidad de adaptación envidiable.

Paul Watzlawick afirmaba hace algo más de 40 años aquello de que “el cambio no solo es posible, sino que es inevitable”, hoy en día una frase de este calado pasaría desapercibida o, si cabe, podría ser trending topic por unas horas si algún influencer la pusiese en circulación.

Es por ello que el día de hoy es un día de celebración, ya que a pesar de que todavía quedan muchas conquistas sociales en pro de la igualdad real, es cierto que tras muchos años de lucha, los jóvenes de hoy en día tienen una fascinante capacidad de adaptación que le ofrece la posibilidad de descubrir y disfrutar de su sexualidad con mayor libertad que hace unos años.

Esperemos que el cambio siga encaminado en la dirección correcta, y que muchos de esos falsos mitos vayan desapareciendo tan rápido como desaparece un trending topic.

Roberto Antón Santiago
Psicólogo
Coordinador del Programa de Atención Familiar

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Una adopción especial puede ser… “el viaje más gratificante en la vida de una persona”

Conchi y JuanConchi y Juan están viviendo una nueva y emocionante etapa vital desde el día en el que decidieron solicitar su inclusión en el Programa de Adopciones Especiales, que desarrollamos conjuntamente con la Xunta de Galicia.

Han adoptado a tres hermanos (dos niños y una niña de 6, 8 y 10 años de edad respectivamente), con quienes conviven desde septiembre del pasado año en Vilariño de Conso, una pequeña localidad ourensana.

Nos hemos sentado con la pareja para charlar sobre su experiencia, y ahora os invitamos a conocerles.

Habéis decidido adoptar e iniciar un viaje apasionante, ayudando además a quienes tienen mayores dificultades para encontrar una familia. ¿Qué os motivó a entrar en el Programa de Adopciones Especiales?

Juan: Queríamos ser padre y madre biológicos, pero ciertas dificultades nos llevaron a barajar otras opciones. Lo que sí teníamos claro es que queríamos tener una familia. Después de sopesar los pros y los contras y de haberlo hablado mucho entre nosotros, decidimos solicitar una adopción. Y, ¿por qué una adopción especial?. Porque nos veíamos capacitados. Mi mujer es profesora, yo me crie en una familia con muchos niños, y tengo dos con los que consultamos la idea y les pareció muy bien.

Conchi: Cuando tienes un hijo o una hija has de estar preparada para todo lo que pueda venir porque el vínculo afectivo con los hijos no tiene límites. Yo quería ser madre.

¿Cuáles eran vuestras dudas y miedos iniciales?

Juan: Mi mayor miedo era si los niños y la niña estarían preparados. Nosotros ya llevábamos tiempo preparándonos pero, ¿y ellos?, ¿qué pensamientos les invaden?, se preguntarán ¿a dónde nos llevan?, ¿cómo son?… Más que miedo, tenía la duda de si ellos “me querrían adoptar a mí”. ¿Y si no congeniamos?, ¿o si no les gusta el entorno?. Sinceramente, dudas y miedos sí que hubo, pero pienso que hay que salir de ese estado si realmente quieres hacer algo.

Conchi: Yo tenía miedo a no responder adecuadamente a sus necesidades , y a no establecer los vínculos de una forma correcta. Me preocupaba que surgieran problemas al tener que llevar a la par el establecimiento de normas y la creación del vínculo afectivo. También tenía miedo a que ellos no me aceptaran a mí.

El proceso de adaptación inicial quizás sea el más complejo, ya que se activan cambios importantes, tanto para la familia adoptante como para los niños y niñas adoptados. ¿Cómo está siendo para vosotros?

Juan: Es como retroceder en el tiempo. Me veo como hace años con hijos a los que tengo que ayudar a hacer las tareas cotidianas, lo cual me alegra y me satisface, pues veo que no le he perdido la mano y me sigue gustando como entonces.

Conchi: Para mí es una experiencia nueva que me llena de ilusión, a través de la que además me realizo como madre cada día. El hecho de ayudarlos, guiarlos y estar pendiente de todo lo que les pueda pasar es muy satisfactorio, porque además ellos te gratifican estableciendo un vínculo afectivo muy sólido y creando su propia referencia familiar, que es la nuestra.

¿Y para ellos? (en casa, en el cole…).

Juan: Están encantados, pues se sienten identificados con las tareas que realizan a diario dentro de la familia. Hay cosas que les gustan más y otras menos, pero se van adaptando a la nueva forma de vida sin dificultades, aunque echan de menos amigos que quedaron atrás.

Conchi: Para ellos (la adopción) es algo que necesitaban y que inconscientemente valoran a través de la vinculación afectiva que establecen con nosotros y con el entorno que les rodea. A la niña le cuesta más adaptarse porque es mayor que los niños y su historia es más complicada. Sin embargo, el proceso de vinculación, aunque más lento, es muy fuerte.

¿De qué forma os ofrece soporte el equipo de Adopciones Especiales de Meniños?

Juan: Olalla y Bárbara están ahí para ayudarnos en el proceso. Tenemos entrevistas con ellas y nos visitan en nuestra casa. Nos sentimos apoyados y eso es importante.

Conchi: Ellas se ocupan de nuestro bienestar. Siempre nos preguntan cómo nos va y si tenemos problemas. Están ahí para ayudarnos.

Seguramente desde hace un tiempo os preguntarán. ¿Qué tal?, ¿Cómo os va?…

Juan: Es verdad que nos preguntan y todos se preocupan de cómo nos va. Es un cambio grande porque en el lugar donde vivimos casi no hay niños y al ver los nuestros todos están sorprendidos y dicen: “tres niños de un golpe, ¡qué valientes sois!, ¡qué guapos y altos son!, ¿qué edades tienen?”.

Conchi: Sí, es así. Además se sorprenden cuando ven su actitud, pues establecen unos vínculos afectivos muy sanos y sinceros a la vez que acatan las normas familiares. La gente se muestra entusiasmada, y a veces nos preguntan a donde los fuimos a buscar, entre otras cuestiones.

Habéis hecho posible que dos niños y una niña encuentren un hogar que les ofrece la protección y los cuidados que necesitan. ¿Qué os están aportando ellos a vosotros?

Juan: Nos aportan tanto o más que nosotros a ellos. Vivimos en una casa grande y pasamos de no escuchar una mosca a sentir, por fin, alegría en casa, correteos, pelotas, fichas de parchís cayendo de la mesa, preguntas que nos hacen olvidar preocupaciones y abandonar pensamientos a los que antes les dábamos más importancia de la que realmente tienen.

Conchi: Es verdad que todos los reconocimientos son buenos y que nosotros favorecemos a los niños, pero el “favor” que ellos nos hacen a nosotros es incalculable. Todos crecemos juntos de una forma paralela y muy sana.

¿Os gustaría transmitir algún mensaje a todas aquellas personas que están explorando la posibilidad de adoptar?.

Juan y Conchi: Sí, en efecto, les diríamos que no tengan miedo a afrontar una adopción, porque si se hace con el corazón puede ser el viaje más gratificante en la vida de una persona. Es verdad que los niños llegan con determinados patrones adquiridos y dejan amigos y amigas atrás, pero tienen una falta de afectividad muy grande. Si se les trata con sinceridad y se les da cariño pueden llegar a quereros más de lo que os podáis imaginar.

Aunque con un hijo biológico el vínculo afectivo se adquiere de una forma distinta, los vínculos afectivos que se establecen con los hijos e hijas adoptados son prácticamente irrompibles, pues ellos y ellas reconocen de dónde vienen, dónde estaban y dónde están.

También nos gustaría añadir que es importante estar siempre en contacto con el equipo de adopción que lleve vuestro caso, porque están ahí para ayudaros ante cualquier duda y en toda la evolución del proceso. Es también muy importante hacer cursos de preparación para familiarizarse con los procesos de adopción, ya que creemos que es necesario “aprender” a establecer vínculos con ellos.

“Dale todo lo que puedas con una mano y verás que a lo largo de la vida el niño o niña te lo devolverán con las dos”.

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