“Lo más importante es la confianza que dais”

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Imagen CC por Wrote @flickr

Conocemos de cerca la historia personal de Viki, una joven gallega que ha pasado por el Programa de Integración Familiar. El Programa de Integración Familiar (PIF) es una iniciativa gestionada por la Fundación Meniños para la Consellería de Política Social.

La Fundación Meniños confía en la recuperación de las personas y las familias, y en que el esfuerzo encaminado a la integración sí funciona. La historia de Viki es prueba de ello. Hoy Viki tiene 19 años y nos cuenta cómo vivió su experiencia dentro del programa, en el que se integró hace aproximadamente 5 años. Conversa con Xema y Malú, las técnicas del PIF que atendieron su caso.

Xema: Hola Viki, te agradecemos mucho que aceptaras esta entrevista. Dinos cómo nos conociste, ¿cómo fue tu llegada al programa?

Viki: No recuerdo exactamente. Me parece que fue porque mi tío llamó a Servicios Sociales por el caso de mi hermana. Y Servicios Sociales contactó con Protección de Menores

X: A veces el entramado es tan complicado que cuesta situarse, pero ¿recuerdas cuánto tiempo duró la intervención del equipo?

V: El tiempo exacto no sé, porque ya fue hace varios años. Ahora tengo 19, y eso sería cuando yo tenía 13, 14 o 15, no me acuerdo. Yo creo que 15, pero no estoy segura.

X: ¿Y hasta cuándo trabajaste con nosotras?

V: Hasta los 18, y aún tengo trato hoy en día porque mantenemos la relación.

X: ¿Qué es lo que más recuerdas del tiempo que duró la intervención contigo y con tu familia?

V: A ver, todo en general, tanto en lo familiar como en lo personal. Gracias a vosotras pasé de no hacer nada con mi vida, ni estudiar ni nada, a vivir un cambio muy grande.

X: ¿Qué fue lo que más te ayudó de la intervención?

V: Sobre todo, salir adelante con los estudios, porque yo los había dejado atrás. También que mi hermana consiguiera hacer algo de su vida, y que mi padre saliera adelante. En general todo, es difícil de explicar, pero para mí pasé de no tener nada a tenerlo todo.

X: ¿Recuerdas algo en concreto de la intervención que te fuera útil?

V: Cada vez que tenía un problema yo llamaba a Malú, y era una alegría ver que con ella, algo que yo sentía que me estaba saliendo mal, pues empezaba a verlo bien. Lo importante fue saber que tenía a alguien que me apoyaba. Pasé de no estudiar a entender que lo tenía que hacer por mí, como si me lo dijera una madre, no sé cómo explicarlo. Algo que yo no tenía. En general recuerdo sobre todo la ayuda con mi padre, porque si no fuera por vosotras, yo ni siquiera podría estar ni trabajando, tendría que estar cuidando de él ( se emociona).

Malú: Antes de empezar la entrevista, nos dijiste que antes de conocernos, sentías rechazo a la intervención. ¿Qué hizo que ese rechazo se transformara?

V: Antes de conoceros lo que sentía era miedo. Yo me acuerdo de hablarlo con mis amigas y todo. Pensaba “protección de menores” y automáticamente lo asociaba a un centro, y piensas que lo vas a dejar todo: ves tu situación familiar y te dices “es completamente normal. Yo no puedo estar así, vivir sin que nadie me atienda, por mi cuenta y con 15 años”. Y lo piensas y tienes miedo. Miedo a que me metan en un centro, o a una casa con gente que no conozco. Piensas “me van a separar de mi familia y me van a quitar todo”. Yo hacía lo que quería, cuando quería, sin estudiar y sin nada, sin darme cuenta de que eso no estaba bien. Sin embargo, ahí es cuando llegáis, y gracias a vosotras abro los ojos y me doy cuenta de que tengo que hacer esto o esto otro. Me llevasteis a casa de mi abuela, con mi tío, que es lo mejor que pude hacer en mi vida, porque no hay un sitio mejor al que me podría haber ido.

Al principio tienes miedo de que te lleven a un centro de menores, de que te encierren, pero lo que va a pasar es que te van a enseñar a ver y valorar a quien tienes cerca, y te ayudan a salir adelante.

M: Una de las claves de nuestro trabajo es conseguir que las familias nos vivan como una ayuda y se sientan protagonistas de su cambio.

V: Claro, una piensa, vengo aquí y tengo que intentar hacer esto que me dicen, pero no sabes si va a salir bien. Esto también depende de la persona, porque siempre hay que poner de tu parte.

M: Efectivamente, porque en tu caso, nosotros estuvimos ahí para apoyaros, pero el esfuerzo y el cambio, fue cosa vuestra.

V: A mí me ayudasteis, pero yo creo que a mi hermana mucho más. Yo era un poco más pequeña que ella y no estaba tan en la adolescencia, pero ella estaba completamente…

M: Si, cada miembro de la familia parte de un punto diferente

V: Si, otro punto de vista. Con mi hermana ya eran temas más complicados. Ella estaba mal, pero de ahí se puede salir, y es como para agradeceros de por vida el cambio. Porque yo la veía todos los días mal, incluso llegó a maltratar a nuestro padre. Y pasar de eso a ser ahora madre de una niña y estar completamente feliz, pues eso quieras o no, a las personas que se lo tenemos que agradecer no es a una madre o a un padre, no, es a vosotras que fuisteis las que lo conseguisteis.

M: No, lo conseguisteis vosotras.

V: Claro, también. Es lo que decía, hay poner de tu parte. Si tú de verdad ves la situación en la que estás, tú tienes que poner de tu parte si quieres conseguir salir adelante. Si no quieres y no hay alguien que te abra los ojos, no lo vas a hacer nunca, porque vas a estar encerrada en tu mundo.

M: ¿Qué fue lo que te hizo abrir los ojos? Recuerdas?

V: Yo estaba en mi mundo. Yo no quería estudiar, y no quería hacer nada. Veía a mi padre mal y tampoco hacía nada, nunca hacíamos nada por él. Sin embargo llegaste tú y nos diste otro punto de vista, nos haces ver que nuestro padre está en estado de abandono, y que eso no es normal, pero que existe la oportunidad de salir de esa situación. Siempre nos diste apoyo y cariño. Sabes, es muy diferente eso a que te venga alguien de fuera que no conoces de nada.

M: Bueno, nosotras éramos alguien de fuera

V: Ya, por eso, me disteis confianza, o no sé, amor. No sé ni cómo explicarlo. Mucha ayuda para abrir los ojos. A nosotras nos los abristeis a las dos y gracias a eso somos quienes somos ahora.

X: ¿Podrías decirnos algo que te hubiese gustado que hiciéramos de otra manera, o algo negativo de la intervención?

V: Yo creo que negativo no hubo nada. Creo que lo tuve todo desde el momento en el que llegasteis, a partir de ahí empecé a conseguir poco a poco lo que de verdad quería, estar bien y feliz.

X: Me imagino que en tu familia también habría muchas dudas acerca de la intervención, no es fácil permitir que alguien de fuera entre en tu vida y más difícil cuando hablamos de protección de menores (siempre hay muchos mitos respecto a eso…)

V: Sí. Mi tío se preguntaba si nos iban a quitar de su lado. Yo tenía miedo al principio, y las primeras veces que veníais no quería veros, porque estaba tan acostumbrada a mi vida en ese momento que no quería otra. También lloré pensando que no iba a ser capaz. Por entonces yo tenía una pareja y prácticamente vivía en su casa, y pensaba que no íbamos a poder estar juntos, lo mismo que me pasaba con mis amigas. Pero en realidad todo mejoró, en el aspecto familiar y en las relaciones.

X: ¿Y cómo te sentías tú?

V: Como os dije, yo vivía en mi mundo irreal y creía que era feliz, pero si comparas aquello con la felicidad, ahora que la ves, ahora que sí que sé cuál es el sentimiento de la felicidad, y no es el que tenía antes.

X: Supongo que el servicio de protección de menores, impone mucho.

V: Yo no quería, y lloraba y decía que no, pero al final conoces a la gente, en este caso a vosotras, y al final me alegraba. Yo creo que lo principal es la confianza que te da la persona con la que estás y lo segundo, sentir el cariño.

X: ¿Qué podrías decirle a las personas que tienen dudas acerca de la intervención cuando se la proponen?

V: A todas las personas en cualquier situación familiar que no sea buena, les diría que sí, que acudan a vosotras, a un programa de integración familiar, porque sois una gran ayuda, tanto para los padres como para los niños. Que no tengan miedo ninguno.

 

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