Rubén Lima: “El objetivo prioritario de la guía es satisfacer las necesidades básicas de los menores que han sufrido, directa o indirectamente, la violencia de género”

La dificultad para llegar los menores surge, a menudo, cuando la violencia de género es vista por los padres, e incluso por algunos técnicos, como un problema que solo afecta a la pareja

Rubén Lima. Foto de La Voz de La Galicia.

Rubén Lima. Foto de La Voz de La Galicia.

A finales de mes, Meniños presentaba la “Guía de Impacto de la Violencia de Género sobre niños, niñas y adolescentes”, un trabajo transnacional elaborado por varias entidades de Galicia y Azores.

Esta guía busca orientar a las organizaciones que trabajan de manera especializada en el campo de la protección de los niños, niñas y adolescentes que sufren o han sufrido violencia de género.

Rubén Lima Santos, del Centro de Terapia Familiar e Intervención Sistémica de Azores ha colaborado en su redacción con el fin  de concienciar al público acerca del impacto de este problema y de la necesidad de actuaciones específicas que consideren a los niños y niñas como víctimas directas en sí mismas. 

P: Entonces… ¿cómo surge la necesidad de realizar una Guía de Prevención sobre el Impacto de la Violencia de Género sobre niños, niñas y adolescentes?

R: El reconocimiento internacional de que la violencia contra las mujeres es una violación clara de los derechos humanos ha iniciado un proceso de transformación social en el que la criminalización de las diversas formas de violencia dentro del contexto doméstico es una de sus dimensiones. De hecho, la violencia doméstica está considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las principales cuestiones internacionales de salud pública y reconocida como uno de los principales problemas para los que la sociedad occidental tendrá que encontrar soluciones.

A nivel nacional y regional, la violencia doméstica se considera también como un problema prioritario de las políticas sociales. En este contexto, surgió el Plan Regional de Prevención y Lucha contra la Violencia Doméstica, aprobado por la Resolución del Consejo de Gobierno, en marzo de 2010.  Ahora, las preocupaciones del Plan Regional no se centran sólo en las víctimas adultas en relación conyugal, sino que se acerca a los niños y a los jóvenes, quienes experimentan estos contextos de violencia de los que son igualmente víctimas.

En 2010, la Dirección Regional de Igualdad de Oportunidades, cuyas habilidades se traspasaron a la Dirección Regional de Solidaridad Social en el momento de su disolución, promueve un proyecto de construcción de una guía dirigida a los problemas de los niños y jóvenes víctimas de contextos de violencia conyugal. De este modo, el objetivo pasaba por crear una herramienta de trabajo que orientase la intervención técnica con estos niños para reducir el impacto de la violencia doméstica en ellos y romper los ciclos de violencia que a veces se perpetúan de generación en generación. En este momento, se inicia, por tanto, una obra inédita a nivel regional y nacional.

P: ¿Por qué decidieron trabajar juntas las zonas de Galicia y las Azores?

R: A finales de los años 90, y por invitación del Dr. Carlos González, terapeuta familiar en el Hospital del Espíritu Santo en Ponta Delgada (Azores), el profesor Valentín Escudero fue el primero  en llevar a cabo la supervisión de un conjunto de trece técnicos que terminaron la formación en Terapia Familiar e Intervención Sistémica. Así, se abrió un proceso de cooperación entre Galicia y las Islas Azores, que ya no se interrumpe, un hecho que ha permitido, en más de década y media, movilizar a un grupo de profesionales y de organizaciones de ambas regiones en torno a un problema concreto y común basado en la infancia en riesgo, en sus familias y en sus comunidades. Esto marcará el comienzo del nuevo milenio, la primera visita de una delegación de Galicia-Azores presidido por un miembro del Consejo de Administración de Instituto Asistencia Social (Dra. Ana Paula Marques), un hecho que permitió la creación de equipos Preservación y Reunificación Familiar en el Centro de Terapia Familiar e Intervención sistémica en Ponta Delgada que, por supuesto, fue posible gracias a los viajes regulares al equipo de Azores Formación y Supervisión de la Fundación Meniños durante varios años.

En 2010, la región de las Azores (Instituto de Bienestar Social), da un paso más en este proceso de cooperación transnacional y, junto con la Fundación Meniños desarrolla un trabajo conjunto para la renovación de su programa de Acogimiento Familiar. Más tarde, en ese año, por iniciativas de la Dirección Regional de Igualdad de Oportunidades (Azores), se pone en marcha un nuevo programa de cooperación interregional, con una misión muy específica: construir una guía práctica que permitiese intervenir técnicamente en el tema del impacto de la violencia de género sobre los niños, las niñas y los adolescentes.

P: ¿Cuál es el propósito de la guía y cuáles son las principales demandas a las que hace frente?

R: La dificultad para llegar a estos menores surge, a menudo, porque la violencia de género es vista por los padres, e incluso por algunos técnicos, como un problema que sólo afecta a la pareja. Por ello, incluso muchos niños y niñas tratan de minimizar la importancia de la violencia a la que están expuestos, por ejemplo, evitando hablar del asunto, por lo que es importante ayudarles a dar un sentido a estos acontecimientos y replantear todos los sentimientos que se derivan de ello.

Prueba de esta importancia es el hecho que demuestra la relación entre la violencia física, psicológica o sexual ejercida sobre una persona, que repercute en una serie de efectos negativos en su bienestar físico y psicológico. Estos efectos son agravados por el hecho de que el autor sea su padre, como figura central de referencia para el menor y la violencia se de en su hogar, lugar de refugio y protección. Cuando el menor se da cuenta de las circunstancias que le rodean, esta situación, frecuentemente, conduce a la destrucción completa de todas las bases de seguridad, dejando que se entregue al sentimiento de vulnerabilidad, miedo o preocupación de que la experiencia traumática pueda repetirse, lo que lleva los altos niveles de ansiedad. Desafortunadamente, en muchos casos, la experiencia temida se repite intermitentemente a lo largo de varios años, constituyéndose en una amenaza percibida como continuo e incontrolable.
Los efectos producidos por la experiencia de un evento traumático de forma continúa o crónica puede ser muy grave, ya que afecta de modo profundo a los significados cruciales en la vida de una persona. Para los menores que son víctimas de violencia dentro de sus propias familias, algunos de los significados que se modifican por esta experiencia son los sentimientos de autoestima, la creencia de ser amada y cuidada, la sensación de seguridad y confianza en el mundo y en las personas que les rodean, o la percepción de control sobre los acontecimientos y la vida en general. Para conceptualizar estos efectos, se puede echar mano del concepto de trauma relacional, definido por Sheinberg&True (2008) como “una situación en la que la sensación de seguridad emocional y / o física que debería existir en la relación con los padres o los cuidadores de niños fuera puesta en juicio por estos mismos adultos que los cuidan” (pp. 174). Esto parece ser un concepto muy útil a la hora de comprender las consecuencias que la exposición de la violencia doméstica puede tener en estos niños, ya que promueve un enfoque relacional / sistémico para trabajar.

El resultado de todo esto no sólo repercute en los efectos directos a nivel de los síntomas, sino más bien en una mayor vulnerabilidad en términos de ajuste psicológico futuro.

Resumiendo, el objetivo prioritario de la Guía es satisfacer las necesidades básicas de los menores que han sufrido, directa o indirectamente, la violencia de género. Esto no se refiere a dejar en segundo plano las dificultades de la madre provenientes del maltrato. De hecho, con el fin de responder adecuadamente a las necesidades psico-socio-emocionales de los menores es fundamental trabajar con las madres para promover una relación de apego seguro que proporciona la protección, el afecto y la confianza necesaria para el desarrollo de sus hijos. Sin embargo, esta guía asume que los niños también son víctimas de la violencia doméstica que sus padres ejercen sobre sus madres y sus dificultades y necesidades, aunque relacionadas, deben diferenciarse.

P: ¿Cómo puede ayudar esta Guía a los docentesy a sus métodos de trabajo?

R: Los efectos de la violencia de género en los niños son múltiples. Existen efectos conductuales, emocionales, físicos, cognitivos y sociales. Estos varían teniendo en cuenta las diferentes etapas de desarrollo de los menores. La Guía presenta algunos indicadores de efectos, lo que facilita la detección de estos signos por parte de los profesores. También hay que considerar que los docentes son actores clave en este sistema, ya que, en la escuela, los niños y las niñas dedican gran parte de su tiempo y es un espacio en el que se manifiestan de forma verbal o no verbal.

Por ejemplo, en la edad preescolar los niños pueden expresar agresividad, conductas regresivas,   miedo a dormir solo, limitada comprensión y dificultad para concentrarse en las tareas. En la adolescencia, se pueden exhibir también comportamientos violentos, huidas o ideas suicidas.

 P: A su juicio… ¿qué puede trasladar esta Guía a las personas que trabajan con niños que son víctimas esta violencia?

R: Esta Guía es de importancia fundamental para poner en marcha múltiples iniciativas que contribuyan a una respuesta más sensible y adaptada a las necesidades del problema específico, es decir: los niños, como víctimas de la violencia de género.

Para ello, se destaca a continuación un conjunto de necesidades que deben apoyar el desarrollo de futuros programas y servicios:
• Es necesario que los menores no solo sean vistos como parte del problema de las mujeres víctimas de la violencia de género, sino también como víctimas individualizadas, con sus propias necesidades, y como personas que requieren una intervención específica y especializada.
• Es necesario unir esfuerzos para promover la integración y la coordinación entre diferentes instituciones involucradas en la atención a las víctimas de la violencia doméstica (servicios
policiales, asistencia legal y social, instituciones terapéuticas, educativas, etc).
• Es necesario promover una sensibilización para la prevalencia, persistencia e impacto de la violencia de género y de los factores socio-culturales, económicos y legales que perpetúan su existencia.
• Es necesario proporcionar una formación especializada en el trabajo con los niños y las niñas víctimas de la violencia de género a todos los profesionales que están en contacto con ellos de una forma más o menos directa. (Incluida la atención de la salud, la educación, la policía, los tribunales, apoyo psicoterapéutico, etc).
• Es necesario informar, escuchar y dar voz a los menores que son víctimas de la violencia de género. Todos los profesionales deben ser conscientes de los derechos fundamentales de los menores a ser informados en cada momento de los recursos que hay a su disposición, los procedimientos en los que participarán, las alternativas disponibles y las circunstancias que les puedan afectar, directa o indirectamente. (Por ejemplo, la entrada en un centro de menores, los juicios, la participación en la terapia, la separación de los padres, etc.).
• Es necesario proporcionar los recursos pertinentes para poder atender de una manera sensible y
adecuada a las necesidades de los menores.
• Es necesario ajustar el ritmo de los tiempos de respuesta de intervención basados en las necesidades reales de los niños y las niñas, y no en base a las necesidades del funcionamiento de cada servicio.
• Es necesario proporcionar recursos para la atención con una distribución geográfica que garantice la disponibilidad y la accesibilidad para todos los niños y las niñas.

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